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Treinta y cinco años después, el Estado pide perdón por Santiago Leguizamón: un acto histórico que aún no cierra la herida de la impunidad

Treinta y cinco años después del asesinato del periodista Santiago Leguizamón Zaván, el Estado paraguayo reconoció públicamente su responsabilidad internacional por las falencias en la investigación del crimen y pidió perdón a su familia en cumplimiento de una sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Sin embargo, la principal deuda continúa pendiente: el caso sigue impune y la verdad judicial permanece incompleta.

📅 29/07/2026 01:48 👤 red24 👁️ 44 lecturas
Treinta y cinco años después, el Estado pide perdón por Santiago Leguizamón: un acto histórico que aún no cierra la herida de la impunidad
Treinta y cinco años después, el Estado pide perdón por Santiago Leguizamón: un acto histórico que aún no cierra la herida de la impunidad

Treinta y cinco años después del asesinato del periodista Santiago Leguizamón Zaván, el Estado paraguayo reconoció públicamente su responsabilidad internacional por las falencias en la investigación del crimen y pidió perdón a su familia en cumplimiento de una sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Sin embargo, la principal deuda continúa pendiente: el caso sigue impune y la verdad judicial permanece incompleta.

Actualidad – Análisis

Treinta y cinco años después del asesinato del periodista Santiago Leguizamón Zaván, el Estado paraguayo reconoció públicamente su responsabilidad internacional por las graves falencias en la investigación del crimen y pidió disculpas a su familia, en cumplimiento de una de las medidas de reparación ordenadas por la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH). El acto, realizado en el Palacio de Justicia, representa un hecho de enorme trascendencia institucional, pero también evidencia que la deuda principal del Estado sigue intacta: el asesinato continúa impune y la verdad judicial aún permanece incompleta.

El reconocimiento fue pronunciado por el presidente de la Corte Suprema de Justicia, Alberto Martínez Simón, quien actuó en representación del Estado paraguayo. Durante su intervención admitió que las instituciones públicas dieron respuestas insuficientes frente al asesinato del periodista y reconoció que el caso constituyó una violación de derechos fundamentales, tal como lo estableció la sentencia de la Corte IDH. Asimismo, sostuvo que el cumplimiento de las decisiones de los organismos internacionales fortalece el Estado de Derecho y no representa un debilitamiento institucional.

La ceremonia reunió a representantes del Poder Judicial, del Ministerio Público, organismos internacionales, organizaciones de derechos humanos, el Sindicato de Periodistas del Paraguay y familiares de Santiago Leguizamón. Con este acto, el Estado dio cumplimiento a una de las reparaciones ordenadas por la Corte Interamericana, aunque varias de las obligaciones impuestas por el tribunal internacional siguen pendientes de ejecución.

La familia: "El pedido de perdón no reemplaza la justicia"

Lejos de considerar el acto como el cierre del caso, la familia Leguizamón sostuvo que la sentencia de la Corte IDH aún está lejos de cumplirse en su totalidad.

Dante Leguizamón, hijo del periodista y representante de la familia durante la ceremonia, recordó que el problema central nunca fue únicamente la falta de un reconocimiento público, sino la persistencia de la impunidad. Tanto la familia como el Sindicato de Periodistas del Paraguay insisten en que el Estado todavía no ha cumplido con las medidas estructurales ordenadas por la Corte, entre ellas fortalecer las garantías para el ejercicio del periodismo, avanzar en políticas efectivas de protección a periodistas y asegurar investigaciones diligentes frente a ataques contra la libertad de expresión.

En otras palabras, el reconocimiento oficial constituye una reparación simbólica importante, pero para los familiares la verdadera reparación llegará únicamente cuando exista una respuesta judicial efectiva sobre quiénes planificaron, ejecutaron y facilitaron el asesinato ocurrido el 26 de abril de 1991 en Pedro Juan Caballero.

Un dato político que no pasó inadvertido

Uno de los aspectos que más comentarios generó fue la composición del acto oficial.

Diversos medios señalaron la ausencia de las máximas autoridades del Poder Ejecutivo y del oficialismo durante la ceremonia. No obstante, también trascendió que la familia había solicitado expresamente que el acto no tuviera un carácter político-partidario y que no fuera encabezado por representantes del Ejecutivo, razón por la cual el reconocimiento fue realizado por el presidente de la Corte Suprema en representación del Estado.

Ese detalle modificó parcialmente la lectura política inicial. Mientras algunos sectores interpretaron la ausencia del oficialismo como un gesto de escasa sensibilidad institucional hacia uno de los mayores símbolos de la libertad de prensa en Paraguay, otros recordaron que el formato de la ceremonia respondió, en buena medida, a un pedido expreso de la propia familia.

El trasfondo de un crimen que marcó al periodismo paraguayo

El acto de este lunes no puede entenderse sin volver a 1991.

Santiago Leguizamón era uno de los periodistas más influyentes de la frontera paraguayo-brasileña. Desde Radio Mburucuyá y distintos medios nacionales denunciaba sistemáticamente el avance del narcotráfico, el contrabando, la corrupción y las estructuras criminales que operaban en la zona de Pedro Juan Caballero.

Fue asesinado el 26 de abril de 1991, coincidiendo con el Día del Periodista Paraguayo, en un atentado ejecutado a plena luz del día.

La Corte Interamericana concluyó décadas después que el Estado paraguayo incumplió su obligación de investigar con la debida diligencia, proteger la libertad de expresión y garantizar acceso efectivo a la justicia para la familia. Esa responsabilidad internacional no implica que el Estado haya sido autor del crimen, sino que falló en prevenir, investigar y sancionar adecuadamente los hechos.

Lo que circula en redes sociales

La reacción en redes sociales estuvo dominada por una idea que se repite con notable frecuencia: el reconocimiento era necesario, pero insuficiente.

Periodistas, organizaciones civiles y ciudadanos recordaron que el caso Leguizamón continúa siendo uno de los mayores símbolos de la impunidad en Paraguay y advirtieron que un pedido de disculpas pierde fuerza si no viene acompañado de avances concretos en materia de justicia.

También reaparecieron mensajes reclamando la aprobación de mecanismos eficaces de protección para periodistas y defensores de derechos humanos, en un contexto regional donde las amenazas contra comunicadores continúan siendo una preocupación constante.

Una línea de investigación que sigue abierta

El reconocimiento del Estado no clausura las preguntas que llevan más de tres décadas sin respuesta.

Diversas investigaciones periodísticas han sostenido históricamente que detrás del asesinato existieron intereses vinculados al crimen organizado que operaba en la frontera entre Paraguay y Brasil. Algunos trabajos de investigación mencionaron la presunta participación intelectual de figuras del narcotráfico de la época; sin embargo, esas hipótesis nunca fueron establecidas mediante una sentencia penal firme, por lo que continúan siendo líneas investigativas y no conclusiones judiciales.

Precisamente esa incapacidad del sistema judicial para agotar todas las líneas de investigación fue uno de los elementos que la Corte Interamericana valoró al declarar la responsabilidad internacional del Estado paraguayo.

Análisis CM PRESS

El acto celebrado en Asunción posee un profundo valor institucional. No es frecuente que un Estado reconozca públicamente, frente a la familia de una víctima, que incumplió su deber de proteger derechos fundamentales y de investigar un crimen que golpeó a toda una profesión.

Sin embargo, sería un error interpretar este episodio como el cierre del caso Santiago Leguizamón.

La justicia internacional no condenó al Estado porque hubiera ejecutado el asesinato, sino porque durante décadas no logró ofrecer una investigación eficaz, independiente y capaz de conducir al esclarecimiento pleno de los hechos. Ese déficit continúa siendo el núcleo del problema.

El perdón institucional puede contribuir a reparar parcialmente el daño moral sufrido por la familia y reafirma el compromiso del Estado con el cumplimiento de las decisiones de la Corte IDH. Pero la reparación simbólica no sustituye a la justicia material. Mientras los responsables del crimen permanezcan sin una determinación judicial definitiva y las medidas estructurales para proteger la libertad de prensa no se implementen plenamente, el caso seguirá siendo una herida abierta para la democracia paraguaya.

Treinta y cinco años después, Paraguay dio un paso importante al reconocer oficialmente una responsabilidad que durante décadas fue negada o insuficientemente asumida. El desafío ahora es transformar ese reconocimiento en resultados concretos: fortalecer las garantías para el ejercicio del periodismo, combatir la impunidad y demostrar que la libertad de expresión no se protege únicamente con discursos o ceremonias, sino con instituciones capaces de investigar, juzgar y sancionar los ataques contra quienes ejercen el derecho de informar.

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