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Marcelo Soto: tres años de poder, gestión y liderazgo en Caaguazú; el desafío de convertir una fuerza departamental en un proyecto nacional

A tres años de asumir la Gobernación, Marcelo Soto enfrenta una etapa decisiva: consolidar los resultados de su gestión, fortalecer su estructura territorial y convertir el liderazgo construido en Caaguazú en una plataforma política con alcance nacional. Las municipales de 2026 y el Senado de 2028 aparecen como las próximas grandes pruebas.

📅 17/08/2026 17:18 👤 red24 👁️ 200 lecturas
Marcelo Soto: tres años de poder, gestión y liderazgo en Caaguazú; el desafío de convertir una fuerza departamental en un proyecto nacional
A tres años de haber asumido la Gobernación de Caaguazú, Marcelo Soto Pavón llega a un momento particularmente significativo de su carrera política. Su tercer año de gestión no encuentra al gobernador solamente administrando un departamento: lo encuentra disputando el liderazgo político del quinto departamento, conduciendo una estructura territorial propia, atravesando una interna decisiva con el senador Silvio “Beto” Ovelar y comenzando a proyectar su figura hacia un escenario nacional en el que el Senado de 2028 aparece como una posibilidad cada vez más concreta.

Soto asumió la Gobernación el 14 de agosto de 2023, luego de imponerse en las elecciones generales de ese año. Desde entonces, su administración ha buscado combinar gestión departamental, articulación con el Gobierno central, mucha presencia territorial y construcción política.

Su perfil también contribuye a explicar la proyección que comenzó a adquirir. Nacido en Coronel Oviedo, abogado y escribano, con estudios de posgrado y una maestría en Sistemas Electorales y Derecho Parlamentario en la Universidad Complutense de Madrid, además de formación en innovación y liderazgo gubernamental, Soto representa una generación joven dentro de la dirigencia colorada.

Pero su historia política no comenzó con la Gobernación. Es heredero de una tradición partidaria vinculada al Movimiento de Integración Colorada del Caaguazú —MICC—, espacio construido por su padre, Mario Soto Estigarribia, que lleva más de tres décadas como corriente interna del coloradismo caaguaceño.

El MICC es, por eso, mucho más que una denominación electoral. Constituye parte de la genealogía política de Soto y de una estructura que durante décadas articuló dirigentes, seccionales, autoridades locales y referentes del departamento. Con el paso generacional, Marcelo se ha convertido en su principal referencia política contemporánea.

Esa evolución explica también una de las características centrales de su liderazgo: Soto no construyó su poder exclusivamente desde el despacho de gobernador. Llegó a la Gobernación con una estructura política previa y, durante estos tres años, la amplió territorialmente.

La gestión: entre la obra departamental y la articulación con el Gobierno nacional

Un aspecto fundamental para valorar estos tres años de gestión es que el gobernador siempre ha tenido claro separar correctamente las obras de la Gobernación de aquellas ejecutadas por el Gobierno nacional, valorando estas últimas en su justa medida. En ese aspecto, siempre se destacó por su capacidad de articulación, acompañamiento y representación de las necesidades departamentales, pero la autoría institucional ha sabido corresponder a quienes ejecutan y financian cada proyecto.

Dentro de la agenda propia de la Gobernación aparece, en cambio, una apuesta que puede terminar convirtiéndose en una de las obras emblemáticas de la administración Soto: Oviedo Arena.

Presentado oficialmente en mayo de 2026 como futuro Centro Cultural Departamental, el proyecto prevé una inversión de aproximadamente G. 11.000 millones, bajo modalidad plurianual, y su construcción será licitada en septiembre, según la información difundida. El complejo está proyectado sobre la Ruta PY08, frente al Hospital General de Coronel Oviedo.

Más allá de su dimensión edilicia, Oviedo Arena representa una definición política: la intención de incorporar cultura, espectáculos, producción artística y eventos de gran escala a la agenda de desarrollo departamental.

En una administración que también ha puesto énfasis en salud, seguridad, producción y desarrollo territorial, infraestructura vial y edilicia, diversificación y apoyo al agro, deportes, entre muchos otros aspectos positivos y gestiones diversas en favor de su departamento, esa apuesta cultural introduce una dimensión diferente: la idea de que el desarrollo del interior no debe medirse únicamente en kilómetros de asfalto o infraestructura sanitaria, sino también en la capacidad de generar espacios para la cultura, el deporte, los jóvenes, la economía creativa y de eventos.

El verdadero desafío: el liderazgo político

Si existe un punto que define el tercer año de Marcelo Soto, probablemente sea este. Su liderazgo ya no puede analizarse solamente en términos administrativos. Desde hace tiempo, la disputa central en Caaguazú es la coexistencia de dos estructuras dentro de Honor Colorado: la de Soto y la de Silvio “Beto” Ovelar.

Ovelar posee una trayectoria política larga: fue gobernador de Caaguazú entre 1998 y 2003 y es senador nacional desde 2004.

Marcelo representa una generación posterior y está convirtiendo el poder de una Gobernación en una estructura política departamental de alcance nacional.

Las internas municipales de junio de 2026 marcaron un punto de inflexión. El propio Soto presentó un mapa según el cual su sector quedó vinculado a 14 de los 22 distritos, mientras ocho quedaron bajo conducción política del sector de Ovelar. ABC Color reprodujo esa distribución.

Ese 14–8 debe ser leído correctamente. En varios distritos hubo acuerdos y candidaturas de consenso. Pero políticamente esos acuerdos también tienen significado: allí donde Soto tenía candidato, estructura y Ovelar no consiguió construir una alternativa propia, la negociación terminó con candidaturas vinculadas al espacio del gobernador.

Por eso, el resultado representa algo más complejo que una simple suma de triunfos electorales: muestra la capacidad de Soto para construir, imponer o negociar favorablemente candidaturas en buena parte del territorio departamental.

La contracara es Coronel Oviedo, donde la estructura de Ovelar mantiene una fortaleza. Allí, Marcos Benítez continúa demostrando que la capital departamental sigue siendo decisiva para el senador.

Así, Caaguazú llega a una situación inédita: Soto tiene mayor extensión territorial; Ovelar conserva una fuerte base en la capital y una larga experiencia nacional.

Y ninguno de los dos puede ignorar al otro.

El MICC y la construcción de una nueva generación

En este escenario adquiere especial importancia el MICC.

El movimiento fundado por el padre de Marcelo Soto representa una continuidad histórica de más de tres décadas dentro del coloradismo departamental.

Su mayor activo es precisamente esa continuidad: redes políticas, memoria partidaria y vínculos construidos durante generaciones.

La llegada de Marcelo a la conducción política representa esa transición generacional. El MICC dejó de ser únicamente la estructura histórica de Mario Soto Estigarribia, su líder histórico, y se identifica con la conducción de Marcelo.

En ese sentido, la disputa con el movimiento Jóvenes al Poder, vinculado a Ovelar, no es solamente una confrontación entre dirigentes. Es también una disputa por quién representa el futuro del coloradismo caaguaceño.

Los dos años que quedan: salud, seguridad y consolidación

Con dos años todavía por delante, la etapa final de la Gobernación será decisiva.

Soto ha señalado como preocupaciones prioritarias la salud, la seguridad e infraestructura pública.

En salud, el desafío consiste en consolidar la red departamental y lograr que la infraestructura existente, principalmente la del Hospital Materno Infantil en Coronel Oviedo, se traduzca efectivamente en atención, especialistas, medicamentos y servicios para la población.

En seguridad, el problema es todavía más complejo: Caaguazú ocupa una posición geográfica estratégica y enfrenta desafíos vinculados a delitos urbanos, microtráfico, abigeato, crimen organizado y rutas utilizadas para actividades ilícitas.

La capacidad de Soto para articular con el Gobierno central será determinante. La Gobernación no controla por sí sola las fuerzas de seguridad ni el sistema sanitario nacional, pero sí puede ejercer liderazgo territorial, coordinación institucional y presión política —y Marcelo lo tiene— para que las necesidades del departamento ocupen un lugar prioritario en la agenda nacional.

Las municipales: la primera gran prueba

El 4 de octubre de 2026 será, probablemente, la primera medición objetiva del nuevo poder político de Soto.

Las internas demostraron capacidad de organización. Las municipales mostrarán capacidad de transferencia electoral.

Si una parte sustancial de los 14 espacios políticos vinculados a Soto consigue convertir esa fortaleza interna en intendencias, su liderazgo quedará considerablemente reforzado y el gobernador se está esmerando para que ello ocurra.

Por eso, las municipales son mucho más que una elección local.

El Senado de 2028: la verdadera proyección

El futuro de Soto ya excede largamente Caaguazú.

En 2025, gracias a la amplia aceptación de su gestión, que raya el 80 %, su nombre apareció asociado a la posibilidad de integrar una eventual fórmula con Pedro Alliana.

El propio Soto evitó entonces confirmar esa posibilidad y sostuvo que todavía era prematuro hablar de 2028.

En abril de 2026, finalmente, se apartó de esa carrera y respaldó públicamente a César Sosa para acompañar a Alliana.

Pero el episodio tuvo una consecuencia política: su nombre ya había ingresado al radar nacional.

El siguiente objetivo aparece ahora más definido: el Senado.

Para conseguirlo, Marcelo tendrá que resolver un tema esencial: los votos de Caaguazú. Si bien son importantísimos y una encuesta revelada en la fecha en medios locales lo posiciona a la cabeza, por lejos, en la preferencia del electorado del departamento, con un lapidario 47 % contra el 24 % de Silvio “Beto” Ovelar y el 18 % de Mario Varela, y con apenas un 11 % de indecisos, no son suficientes para una candidatura nacional competitiva.

Necesitará construir una marca política que trascienda el quinto departamento.

Su mejor posibilidad está probablemente en transformar su experiencia de gobernador en una agenda nacional: descentralización, desarrollo del interior productivo, salud regional, seguridad, infraestructura, cultura, juventud y fortalecimiento de los gobiernos subnacionales.

El objetivo sería utilizar la identidad caaguaceña para convertirla en plataforma.

Soto pasará de ser “el gobernador de Caaguazú” para convertirse en “uno de los dirigentes que representan al interior del Paraguay”.

El desafío de Marcelo Soto

Tres años después de asumir, Marcelo Soto ya no es solamente el joven dirigente que ganó la Gobernación de Caaguazú.

Es un gobernador con una estructura política departamental considerable, donde hoy responden a su liderazgo 13 intendentes de 16 colorados, 23 presidentes de seccional de los 26 a nivel departamental, 65 de 85 convencionales y una larga lista de concejales municipales, departamentales, dirigentes de base y adherentes; heredero de una tradición partidaria de más de tres décadas, protagonista de una disputa de liderazgo con uno de los dirigentes colorados de mayor trayectoria del país y, simultáneamente, un nombre que comenzó a ser considerado para responsabilidades nacionales.

Pero todavía tiene que transformar poder territorial en legitimidad nacional.

Los próximos dos años serán determinantes.

Deberá terminar su gestión con resultados todavía más tangibles, especialmente en salud, infraestructura y seguridad; consolidar proyectos propios como Oviedo Arena y un polideportivo cerrado para Caaguazú; convertir el resultado interno de 2026 en victorias municipales; mantener cohesionada su estructura; ampliar su red política más allá de Caaguazú y construir una identidad nacional.

El Senado de 2028 será el próximo destino, pero antes deberá aceptar el desafío de trascender su liderazgo fuera de los límites del quinto departamento.

Logrando esto, la historia política de Marcelo Soto será leída de otra manera: la de un gobernador que trascendió el poder de Caaguazú e ingresó definitivamente a la política nacional.

Y quizá allí esté la verdadera significación de su tercer año al frente de la Gobernación: Soto ya no está solamente administrando los próximos dos años de Caaguazú; está construyendo, con aciertos, desafíos y una rivalidad que todavía está lejos de terminar, el lugar que pretende ocupar en la política paraguaya de la próxima década.

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