EL TABLERO DE WASHINGTON Y EL URANIO DE CORONEL OVIEDO: LO QUE ESCONDE EL NUEVO PACTO NUCLEAR ENTRE PARAGUAY Y EE. UU.
El reciente acuerdo nuclear entre Paraguay y Estados Unidos abre un nuevo escenario geopolítico alrededor de los minerales estratégicos, la energía y la tecnología. En esta primera entrega, CMPRESS analiza el papel que podría desempeñar Coronel Oviedo dentro de la cuenca uranífera, el interés internacional y los desafíos que plantea para la soberanía, el desarrollo y la protección ambiental.
La relación bilateral entre la República del Paraguay y los Estados Unidos de América ha cruzado un umbral histórico, abandonando la diplomacia protocolar para adentrarse en el complejo y estratégico terreno de la supervivencia energética y la hegemonía tecnológica global. Lo que a simple vista parece ser una serie de acuerdos bilaterales aislados, esconde en realidad una hoja de ruta meticulosamente diseñada desde el Departamento de Estado. La firma del reciente Memorándum de Entendimiento sobre Cooperación Estratégica en Materia Nuclear Civil en Washington —encabezada por el secretario de Estado, Marco Rubio; el canciller Rubén Ramírez; y el vicepresidente Pedro Alliana— no es un hecho fortuito. Es la coronación de un plan de integración geopolítica que busca asegurar minerales críticos, infraestructura tecnológica y, sobre todo, aislar a potencias rivales de los recursos del subsuelo sudamericano.
Para comprender la magnitud de este movimiento, es imperativo leer entre líneas. El mundo atraviesa un cambio tectónico donde la transición energética, la descarbonización de la economía y la irrupción masiva de la Inteligencia Artificial (IA) han reescrito las reglas del poder. Los inmensos centros de datos (data centers) que sostienen a la IA demandan volúmenes de energía eléctrica que las fuentes renovables intermitentes no siempre pueden garantizar por sí solas. Es aquí donde la energía nuclear experimenta un renacimiento global y donde Paraguay, con su vasta riqueza subterránea, entra en el radar de las potencias.
EL EPICENTRO RADIACTIVO: CORONEL OVIEDO Y LA CUENCA DE CAAGUAZÚ
Al hablar de la riqueza minera que atrae la atención de potencias extranjeras, la mirada suele dirigirse al proyecto Yuty, en el departamento de Caazapá, donde se han contabilizado recursos medidos e indicados de 8,9 millones de libras de óxido de uranio (U3O8). Sin embargo, la atención técnica y geoestratégica de los inversores norteamericanos se extiende silenciosa pero firmemente hacia el norte de esa misma formación geológica. La ciudad de Coronel Oviedo, capital del departamento de Caaguazú, emerge en este mapa no como un simple punto de tránsito, sino como un protagonista de primer orden en la nueva frontera energética nacional.
Los estudios geológicos más avanzados demuestran que las zonas aledañas a Coronel Oviedo y sus distritos vecinos son la continuación directa de la cuenca sedimentaria uranífera del sureste. Las perforaciones exploratorias han identificado anomalías radiactivas en las areniscas de la Formación Paraná que subyacen en el departamento de Caaguazú, sugiriendo un potencial de acumulación de uranio que podría igualar o incluso superar los volúmenes descubiertos en Caazapá. El método de extracción proyectado para estas formaciones —la Lixiviación In Situ (ISR)— disuelve el mineral en el subsuelo para ser bombeado a la superficie, reduciendo el impacto visual, pero exigiendo un control hídrico e hidrometalúrgico de altísima complejidad técnica.
El emplazamiento de Coronel Oviedo en el corazón de esta cuenca estratégica plantea desafíos mayúsculos para el desarrollo territorial de la región. La llegada de la industria minera internacional no debe ser observada únicamente desde la óptica de la extracción bruta. Requiere la aplicación de un profundo análisis de pobreza local y de infraestructura para asegurar que la inyección de capital extranjero se traduzca en progreso real para los ovetenses y caaguaceños. La responsabilidad social empresarial (RSE) de firmas como Uranium Energy Corp. (UEC) —que ya ha invertido aproximadamente US$ 1 millón en los últimos nueve meses de exploración— deberá estar bajo la lupa estricta de las autoridades y la ciudadanía. El potencial de Coronel Oviedo como nuevo polo minero exige que los dividendos fortalezcan las capacidades locales y no se limiten a regalías residuales.
CIBERSEGURIDAD, 5G Y EL ESCUDO TECNOLÓGICO DE WASHINGTON
El interés de Washington por el subsuelo paraguayo no puede desvincularse de su estrategia de defensa continental. La política exterior estadounidense, impulsada por figuras como Marco Rubio, ha dejado claro que la seguridad energética y la ciberseguridad son dos caras de la misma moneda. En diciembre de 2025, tras una serie de severos ciberataques contra instituciones públicas paraguayas —atribuidos por EE. UU. a actores vinculados con China continental—, se firmó un Acuerdo sobre el Estatuto de las Fuerzas (SOFA). Este acuerdo aceleró el despliegue de especialistas estadounidenses en territorio nacional para mitigar la vulnerabilidad informática del Estado.
Estados Unidos ha destinado alrededor de US$ 6 millones para acercar las capacidades de ciberseguridad de Paraguay a los estándares internacionales. En este contexto, el encargado de Negocios de EE. UU., Robert Alter, ha brindado un respaldo total a las decisiones del Mitic y Conatel de desarrollar las futuras redes 5G exclusivamente con proveedores considerados “seguros” por Washington, excluyendo de facto a los gigantes tecnológicos chinos bajo el argumento de que sus legislaciones los obligan a cooperar con la inteligencia de Pekín. Paraguay se convierte así en un bastión blindado tecnológica y militarmente en el corazón del Mercosur, preparando el terreno para albergar data centers e infraestructura crítica que requiere redes inquebrantables.
EL ACUERDO 123 Y LA PUERTA A LOS REACTORES MODULARES
La firma del Memorándum de Entendimiento en Materia Nuclear Civil es, en términos diplomáticos, la antesala de lo que en el derecho estadounidense se conoce como el “Acuerdo 123”. Este instrumento, que podría demorar entre uno y tres años en concretarse, es el requisito legal ineludible para que Paraguay pueda acceder a tecnología nuclear norteamericana, capacitar a sus técnicos y, eventualmente, importar equipos.
Aunque el vicepresidente Pedro Alliana ha manifestado que el objetivo inmediato es la “exploración” y el catastro de uranio y tierras raras, el pacto abre explícitamente la puerta a la incorporación a largo plazo de Pequeños Reactores Modulares (SMR, por sus siglas en inglés). Ambas naciones han remarcado que el acuerdo es para fines exclusivamente pacíficos, obligando a Paraguay a renunciar a cualquier fomento bélico de la energía atómica. Sin embargo, la prospectiva de instalar reactores nucleares en un país que actualmente exporta excedentes hidroeléctricos ha generado un sismo político.
EL DEBATE LEGISLATIVO: SOBERANÍA, TRANSPARENCIA Y MATRIZ ENERGÉTICA
Es aquí donde el triunfalismo diplomático choca con la realidad legislativa e institucional. El senador opositor José Oviedo (Yo Creo) ha canalizado las dudas de gran parte del espectro político y técnico al presentar un proyecto de resolución exigiendo respuestas claras al Poder Ejecutivo. La interrogante central es incuestionable: ¿Por qué un país cuya matriz eléctrica es 99,99% renovable busca avanzar hacia fuentes de energía que, si bien son de baja emisión de carbono, conllevan riesgos de contaminación radiactiva y un manejo de desechos complejos?
El senador Oviedo ha puesto el dedo en la llaga al cuestionar si este pacto nuclear está atado secretamente al convenio sobre minerales críticos firmado el 4 de febrero de 2026, el cual incluye al uranio. Existe un temor fundado de que el acuerdo condene a Paraguay a una dependencia comercial absoluta de los proveedores norteamericanos, dejándolo sujeto a vetos externos sobre el desarrollo de tecnología propia o el enriquecimiento de su propio material radiactivo.
El escenario exige un nivel de transparencia administrativa sin precedentes. Los proyectos mineros ya enfrentan la resistencia de organizaciones ambientales e indígenas que denuncian la falta de garantías ecológicas y exigen el estricto cumplimiento del proceso de consulta previa, libre e informada. La modernización del Código de Minería y la apertura al capital nuclear no pueden aprobarse a puertas cerradas. Requieren de manuales de procedimiento claros, exposición pública de los estudios de impacto y la promoción de debates cara a cara entre el Estado, las multinacionales y las comunidades afectadas.
Paraguay, y en particular regiones como Coronel Oviedo y Caazapá, se encuentran ante una encrucijada histórica. Tienen en su subsuelo el combustible que moverá la economía global del mañana. La pregunta que la dirigencia política debe responder no es si los minerales serán extraídos, sino bajo qué condiciones. Si el Estado no asume su rol soberano para garantizar que esta riqueza se traduzca en una industrialización con fuerte agregado de valor local, el país corre el riesgo de repetir la historia latinoamericana: exportar la tierra misma para terminar comprando, a precios exorbitantes, la tecnología que otros fabrican con ella.
EL DESPERTAR DEL SUBSUELO: UNA SAGA EN DESARROLLO
Esta primera entrega marca apenas el inicio de una rigurosa saga investigativa y periodística exclusiva de CMPRESS y el Grupo Central Media, que iremos desvelando a lo largo de esta semana. Hoy hemos expuesto el tablero geopolítico y el rol protagónico de regiones estratégicas como Coronel Oviedo en el nuevo ajedrez nuclear y minero. Sin embargo, la historia recién comienza y las implicancias son aún más profundas.
En nuestra próxima publicación, desentrañaremos el andamiaje legal en la segunda entrega de esta serie: El fin de la Ley 3180. Analizaremos al detalle por qué el Estado se apresura a reescribir el Código de Minería, examinando cuáles son las verdaderas exigencias del capital transnacional para desembolsar los proyectados USD 1.500 millones y qué vacíos jurídicos urgía tapar.
Finalmente, en la tercera entrega, pondremos bajo la lupa el factor territorial y humano: trazaremos el mapa completo de nuestros tesoros subterráneos y abordaremos el colosal desafío de industrializar estas materias primas para crear un hub electrometalúrgico, marcando la delgada línea entre el verdadero desarrollo soberano y el riesgo de un extractivismo que vulnere nuestros ecosistemas.
La caja de Pandora del subsuelo paraguayo se ha abierto. Manténgase conectado a nuestras plataformas digitales y redes sociales durante los próximos días para comprender, con el más alto rigor analítico, el nuevo orden económico y geopolítico que se está gestando bajo nuestros pies.
Para comprender la magnitud de este movimiento, es imperativo leer entre líneas. El mundo atraviesa un cambio tectónico donde la transición energética, la descarbonización de la economía y la irrupción masiva de la Inteligencia Artificial (IA) han reescrito las reglas del poder. Los inmensos centros de datos (data centers) que sostienen a la IA demandan volúmenes de energía eléctrica que las fuentes renovables intermitentes no siempre pueden garantizar por sí solas. Es aquí donde la energía nuclear experimenta un renacimiento global y donde Paraguay, con su vasta riqueza subterránea, entra en el radar de las potencias.
EL EPICENTRO RADIACTIVO: CORONEL OVIEDO Y LA CUENCA DE CAAGUAZÚ
Al hablar de la riqueza minera que atrae la atención de potencias extranjeras, la mirada suele dirigirse al proyecto Yuty, en el departamento de Caazapá, donde se han contabilizado recursos medidos e indicados de 8,9 millones de libras de óxido de uranio (U3O8). Sin embargo, la atención técnica y geoestratégica de los inversores norteamericanos se extiende silenciosa pero firmemente hacia el norte de esa misma formación geológica. La ciudad de Coronel Oviedo, capital del departamento de Caaguazú, emerge en este mapa no como un simple punto de tránsito, sino como un protagonista de primer orden en la nueva frontera energética nacional.
Los estudios geológicos más avanzados demuestran que las zonas aledañas a Coronel Oviedo y sus distritos vecinos son la continuación directa de la cuenca sedimentaria uranífera del sureste. Las perforaciones exploratorias han identificado anomalías radiactivas en las areniscas de la Formación Paraná que subyacen en el departamento de Caaguazú, sugiriendo un potencial de acumulación de uranio que podría igualar o incluso superar los volúmenes descubiertos en Caazapá. El método de extracción proyectado para estas formaciones —la Lixiviación In Situ (ISR)— disuelve el mineral en el subsuelo para ser bombeado a la superficie, reduciendo el impacto visual, pero exigiendo un control hídrico e hidrometalúrgico de altísima complejidad técnica.
El emplazamiento de Coronel Oviedo en el corazón de esta cuenca estratégica plantea desafíos mayúsculos para el desarrollo territorial de la región. La llegada de la industria minera internacional no debe ser observada únicamente desde la óptica de la extracción bruta. Requiere la aplicación de un profundo análisis de pobreza local y de infraestructura para asegurar que la inyección de capital extranjero se traduzca en progreso real para los ovetenses y caaguaceños. La responsabilidad social empresarial (RSE) de firmas como Uranium Energy Corp. (UEC) —que ya ha invertido aproximadamente US$ 1 millón en los últimos nueve meses de exploración— deberá estar bajo la lupa estricta de las autoridades y la ciudadanía. El potencial de Coronel Oviedo como nuevo polo minero exige que los dividendos fortalezcan las capacidades locales y no se limiten a regalías residuales.
CIBERSEGURIDAD, 5G Y EL ESCUDO TECNOLÓGICO DE WASHINGTON
El interés de Washington por el subsuelo paraguayo no puede desvincularse de su estrategia de defensa continental. La política exterior estadounidense, impulsada por figuras como Marco Rubio, ha dejado claro que la seguridad energética y la ciberseguridad son dos caras de la misma moneda. En diciembre de 2025, tras una serie de severos ciberataques contra instituciones públicas paraguayas —atribuidos por EE. UU. a actores vinculados con China continental—, se firmó un Acuerdo sobre el Estatuto de las Fuerzas (SOFA). Este acuerdo aceleró el despliegue de especialistas estadounidenses en territorio nacional para mitigar la vulnerabilidad informática del Estado.
Estados Unidos ha destinado alrededor de US$ 6 millones para acercar las capacidades de ciberseguridad de Paraguay a los estándares internacionales. En este contexto, el encargado de Negocios de EE. UU., Robert Alter, ha brindado un respaldo total a las decisiones del Mitic y Conatel de desarrollar las futuras redes 5G exclusivamente con proveedores considerados “seguros” por Washington, excluyendo de facto a los gigantes tecnológicos chinos bajo el argumento de que sus legislaciones los obligan a cooperar con la inteligencia de Pekín. Paraguay se convierte así en un bastión blindado tecnológica y militarmente en el corazón del Mercosur, preparando el terreno para albergar data centers e infraestructura crítica que requiere redes inquebrantables.
EL ACUERDO 123 Y LA PUERTA A LOS REACTORES MODULARES
La firma del Memorándum de Entendimiento en Materia Nuclear Civil es, en términos diplomáticos, la antesala de lo que en el derecho estadounidense se conoce como el “Acuerdo 123”. Este instrumento, que podría demorar entre uno y tres años en concretarse, es el requisito legal ineludible para que Paraguay pueda acceder a tecnología nuclear norteamericana, capacitar a sus técnicos y, eventualmente, importar equipos.
Aunque el vicepresidente Pedro Alliana ha manifestado que el objetivo inmediato es la “exploración” y el catastro de uranio y tierras raras, el pacto abre explícitamente la puerta a la incorporación a largo plazo de Pequeños Reactores Modulares (SMR, por sus siglas en inglés). Ambas naciones han remarcado que el acuerdo es para fines exclusivamente pacíficos, obligando a Paraguay a renunciar a cualquier fomento bélico de la energía atómica. Sin embargo, la prospectiva de instalar reactores nucleares en un país que actualmente exporta excedentes hidroeléctricos ha generado un sismo político.
EL DEBATE LEGISLATIVO: SOBERANÍA, TRANSPARENCIA Y MATRIZ ENERGÉTICA
Es aquí donde el triunfalismo diplomático choca con la realidad legislativa e institucional. El senador opositor José Oviedo (Yo Creo) ha canalizado las dudas de gran parte del espectro político y técnico al presentar un proyecto de resolución exigiendo respuestas claras al Poder Ejecutivo. La interrogante central es incuestionable: ¿Por qué un país cuya matriz eléctrica es 99,99% renovable busca avanzar hacia fuentes de energía que, si bien son de baja emisión de carbono, conllevan riesgos de contaminación radiactiva y un manejo de desechos complejos?
El senador Oviedo ha puesto el dedo en la llaga al cuestionar si este pacto nuclear está atado secretamente al convenio sobre minerales críticos firmado el 4 de febrero de 2026, el cual incluye al uranio. Existe un temor fundado de que el acuerdo condene a Paraguay a una dependencia comercial absoluta de los proveedores norteamericanos, dejándolo sujeto a vetos externos sobre el desarrollo de tecnología propia o el enriquecimiento de su propio material radiactivo.
El escenario exige un nivel de transparencia administrativa sin precedentes. Los proyectos mineros ya enfrentan la resistencia de organizaciones ambientales e indígenas que denuncian la falta de garantías ecológicas y exigen el estricto cumplimiento del proceso de consulta previa, libre e informada. La modernización del Código de Minería y la apertura al capital nuclear no pueden aprobarse a puertas cerradas. Requieren de manuales de procedimiento claros, exposición pública de los estudios de impacto y la promoción de debates cara a cara entre el Estado, las multinacionales y las comunidades afectadas.
Paraguay, y en particular regiones como Coronel Oviedo y Caazapá, se encuentran ante una encrucijada histórica. Tienen en su subsuelo el combustible que moverá la economía global del mañana. La pregunta que la dirigencia política debe responder no es si los minerales serán extraídos, sino bajo qué condiciones. Si el Estado no asume su rol soberano para garantizar que esta riqueza se traduzca en una industrialización con fuerte agregado de valor local, el país corre el riesgo de repetir la historia latinoamericana: exportar la tierra misma para terminar comprando, a precios exorbitantes, la tecnología que otros fabrican con ella.
EL DESPERTAR DEL SUBSUELO: UNA SAGA EN DESARROLLO
Esta primera entrega marca apenas el inicio de una rigurosa saga investigativa y periodística exclusiva de CMPRESS y el Grupo Central Media, que iremos desvelando a lo largo de esta semana. Hoy hemos expuesto el tablero geopolítico y el rol protagónico de regiones estratégicas como Coronel Oviedo en el nuevo ajedrez nuclear y minero. Sin embargo, la historia recién comienza y las implicancias son aún más profundas.
En nuestra próxima publicación, desentrañaremos el andamiaje legal en la segunda entrega de esta serie: El fin de la Ley 3180. Analizaremos al detalle por qué el Estado se apresura a reescribir el Código de Minería, examinando cuáles son las verdaderas exigencias del capital transnacional para desembolsar los proyectados USD 1.500 millones y qué vacíos jurídicos urgía tapar.
Finalmente, en la tercera entrega, pondremos bajo la lupa el factor territorial y humano: trazaremos el mapa completo de nuestros tesoros subterráneos y abordaremos el colosal desafío de industrializar estas materias primas para crear un hub electrometalúrgico, marcando la delgada línea entre el verdadero desarrollo soberano y el riesgo de un extractivismo que vulnere nuestros ecosistemas.
La caja de Pandora del subsuelo paraguayo se ha abierto. Manténgase conectado a nuestras plataformas digitales y redes sociales durante los próximos días para comprender, con el más alto rigor analítico, el nuevo orden económico y geopolítico que se está gestando bajo nuestros pies.




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