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El tablero de Mburuvicha Róga: El día en que el territorio desafió al poder hegemónico

La reunión del presidente Santiago Peña y el vicepresidente Pedro Alliana con 14 gobernadores colorados en Mburuvicha Róga expuso las tensiones internas de Honor Colorado rumbo al 2028. El respaldo territorial a Alliana, las decisiones atribuidas a Horacio Cartes y el posicionamiento de los gobernadores abren interrogantes sobre la unidad del oficialismo.

📅 14/10/2026 12:03 👤 red24 👁️ 48 lecturas
El tablero de Mburuvicha Róga: El día en que el territorio desafió al poder hegemónico
En la política paraguaya, los silencios que se guardan a puertas cerradas suelen hacer mucho más ruido que los discursos en las plazas. La tarde del martes 13 de octubre de 2026 quedará inscripta en los anales del Partido Colorado como el momento exacto en que la arquitectura del poder tradicional sufrió una de sus mayores pruebas de estrés. En la residencia presidencial de Mburuvicha Róga, lejos de las convenciones protocolarias, se gestó una cumbre de urgencia que puede redefinir el futuro del oficialismo: el presidente Santiago Peña y el vicepresidente Pedro Alliana aglutinaron a 14 de los 15 gobernadores colorados.

¿El motivo? Una demostración de fuerza territorial sin precedentes frente a la sorpresiva decisión de Horacio Cartes, líder de Honor Colorado, de remover a Alliana de la chapa presidencial para el 2028 e imponer en su lugar al ministro Juan Carlos Baruja.

Para comprender la magnitud de este sismo, es necesario mirar más allá de la anécdota. Durante años, la disciplina del cartismo operó bajo una lógica vertical y monolítica. Sin embargo, la reacción de Alliana rompió el molde. Al rechazar las presiones prematuras y declarar que «no hay que confundir la lealtad con la obsecuencia», el vicepresidente no solo defendió su capital político, sino que trazó una línea ética y operativa frente a la dirigencia de la calle 25 de Mayo.

La respuesta del interior del país no se hizo esperar. En Mburuvicha Róga, figuras de peso territorial como César «Cesarito» Sosa (Guairá) y Marcelo Soto (Caaguazú) cerraron filas en torno a Alliana. Soto advirtió con firmeza sobre un «posible quiebre» dentro de Honor Colorado, recordando que la palabra empeñada a Alliana había sido ratificada por más de 3.500 dirigentes.

Este quiebre no ocurre en un vacío. El oficialismo, que en realidad debería de haber festejado, y mucho, arrastra las heridas abiertas de las elecciones municipales de octubre de 2026. La ANR amplió su dominio a 187 intendencias, pero las estrepitosas derrotas en Asunción y en Ciudad del Este, principalmente, encendieron las alarmas, y estas derrotas, entre otras puntuales, crearon un conflicto interno sin precedentes. Las bases coloradas han comenzado a advertir que la estructura tradicional ya no alcanza para asegurar la victoria en los centros urbanos más críticos. A este desgaste político se le suma un panorama de tufo de cierta vulnerabilidad macroeconómica, marcado por la negativa de Fitch Ratings de otorgar el grado de inversión al país, argumentando debilidades institucionales y deudas impagas, así como la incertidumbre generada por la forma en que se manejó tanto el pedido del Senado como el informe del BCP respecto a Ueno Bank.

Desde la vereda de enfrente, la oposición observa cómo el oficialismo se desgasta. El intendente de Ciudad del Este y presidenciable, Miguel Prieto, ironizó sobre la crisis afirmando «no me equivoqué» al anticipar la jugada de Cartes, pero fue cauto al advertir que, si la oposición no logra unificarse sólidamente, «los colorados pueden pelearse y unirse en mil pedazos que van a seguir ganando».

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Si analizamos esta coyuntura con una mirada crítica y aguda, lo que presenciamos no es una simple rabieta de cúpulas, sino el agotamiento de un modelo de conducción. Horacio Cartes ha tensado la cuerda de su liderazgo «ordenador» hasta el punto de fisurar su propia creación.

El presidente Santiago Peña, a quien muchos subestimaban por su perfil tecnócrata, ha decidido usar la residencia estatal como escudo y espada, cobijando a un vicepresidente rebelde y a un ejército de gobernadores que exigen que el interior del país deje de ser el «furgón de cola» de las decisiones tomadas en Asunción.

Asistimos a una paradoja histórica: a más de la mitad de su mandato, el Ejecutivo debe invertir un valiosísimo capital político no en grandes reformas, sino en atrincherarse para garantizar su propia supervivencia y la de su proyecto sucesorio. Honor Colorado, otrora la maquinaria electoral más disciplinada de la era democrática, enfrenta hoy el fantasma de la bicefalía. Si el cartismo ortodoxo no logra decodificar el mensaje que le enviaron los gobernadores, la fractura dejará de ser una amenaza retórica para convertirse en un cisma irreversible camino a las urnas del 2028. El juego de tronos paraguayo ha comenzado, y esta vez, los peones han decidido que también quieren mover las piezas.

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