El insólito reencuentro de Cartes y Abdo Benítez que reconfigura el tablero paraguayo
Las enemistades rara vez son eternas, pero hay imágenes que no dejan de paralizar a todo un país. Este miércoles 14 de octubre, el Paraguay almorzó con una fotografía que hasta hace unas horas parecía francamente imposible: los expresidentes Horacio Cartes y Mario Abdo Benítez, enfrentados en una encarnizada guerra política y judicial durante casi una década, posando juntos, distendidos y sonrientes.
El escenario de este inesperado apretón de manos fue una residencia sobre la céntrica avenida España de Asunción. Pero para comprender el verdadero peso de este encuentro, hay que mirar las vertiginosas 24 horas previas que sacudieron los cimientos de la Asociación Nacional Republicana (ANR).
El detonante: Lealtad vs. obsecuencia
La tormenta comenzó cuando Horacio Cartes, líder del movimiento hegemónico Honor Colorado, tomó una decisión unilateral que fracturó su propia estructura: retirar al actual vicepresidente, Pedro Alliana, de la chapa presidencial proyectada para 2028, para imponer en su lugar al ministro de la Vivienda, Juan Carlos Baruja.
La reacción de Alliana fue inusualmente frontal para la verticalidad tradicional del partido. Con evidente decepción por haberse enterado de su desplazamiento político, el vicepresidente se plantó y reivindicó su autonomía frente al líder. “No hay que confundir la lealtad con la obsecuencia”, sentenció tajante, dejando en claro que su candidatura sigue firme y abriendo la puerta a una inminente salida de Honor Colorado.
Alliana no está solo en su rebeldía; su postura encendió a las bases del interior del país. En una demostración de fuerza, quince gobernadores colorados se trasladaron hasta la residencia presidencial, Mburuvicha Róga, para cerrar filas en torno a él y al presidente Santiago Peña. El mensaje fue claro: exigen que el candidato de la dupla provenga de las bases del interior y rechazan el "dedazo" capitalino.
Las voces del asombro, la preocupación y la ironía
El impacto de la fractura oficialista y el veloz encuentro entre Cartes y Abdo Benítez no tardó en generar un aluvión de reacciones en todos los frentes. En los pasillos del Congreso, el ambiente oscilaba entre la consternación oficialista y el júbilo opositor.
Desde la propia carpa cartista, el presidente del Senado, Basilio “Bachi” Núñez, reconoció el quiebre con evidente preocupación. Para Núñez, si Horacio Cartes se desmotiva y retira su apoyo logístico o financiero a causa de estas divisiones internas, el Partido Colorado corre el serio riesgo de perder el poder y volver a la llanura en 2028.
En la vereda de enfrente, la oposición no ocultó su ironía ante el caos ajeno. La senadora Esperanza Martínez retrató la crisis afirmando que quienes antes se jactaban de su férrea disciplina hoy "están nerviosos" y se han convertido en una "bolsa de gatos" por culpa de la disputa prematura del poder. En una línea similar, la senadora liberal Celeste Amarilla fue más allá, celebrando que un sector del coloradismo "se haya hartado de su amo" y calificando esta ruptura como el "inicio del fin" de la era Cartes.
El trasfondo financiero detrás de la ruptura
Más allá de los egos heridos y el baile de candidaturas, hay quienes señalan que la grieta tiene un origen más profundo. Según la visión del senador colorado disidente Mario Varela (quien, utilizando el sarcasmo, dijo que hoy Cartes amaneció siendo disidente), el verdadero detonante de esta crisis institucional fue el escándalo en torno a ueno bank y el manejo de los fondos del Estado. Varela sostiene que las presiones cruzadas y los pedidos de informes impulsados en el Senado hacia el Banco Central del Paraguay (BCP) exacerbaron la desconfianza entre el anillo de confianza del presidente Peña y el núcleo duro de Cartes, empujando al límite la convivencia.
Un tablero en pleno reacomodo
Mientras Alliana y los gobernadores consolidan un frente que desafía la verticalidad histórica, y la disidencia (con figuras como Arnoldo Wiens, Lilian Samaniego y Luis Pettengill) intenta unificar una chapa para capitalizar el caos, la foto de la avenida España envía un mensaje contundente. Al sentarse a conversar con Abdo Benítez, Cartes demuestra que su pragmatismo no tiene límites y que está dispuesto a tender puentes con su mayor adversario histórico para neutralizar la rebelión interna y no ceder el control del partido.
La política paraguaya atraviesa horas decisivas. Detrás de las sonrisas captadas por la cámara, se libra una batalla sin cuartel por el poder real del país. Una contienda donde, como dejó claro esta frenética jornada, ya no existen las lealtades inquebrantables.
El detonante: Lealtad vs. obsecuencia
La tormenta comenzó cuando Horacio Cartes, líder del movimiento hegemónico Honor Colorado, tomó una decisión unilateral que fracturó su propia estructura: retirar al actual vicepresidente, Pedro Alliana, de la chapa presidencial proyectada para 2028, para imponer en su lugar al ministro de la Vivienda, Juan Carlos Baruja.
La reacción de Alliana fue inusualmente frontal para la verticalidad tradicional del partido. Con evidente decepción por haberse enterado de su desplazamiento político, el vicepresidente se plantó y reivindicó su autonomía frente al líder. “No hay que confundir la lealtad con la obsecuencia”, sentenció tajante, dejando en claro que su candidatura sigue firme y abriendo la puerta a una inminente salida de Honor Colorado.
Alliana no está solo en su rebeldía; su postura encendió a las bases del interior del país. En una demostración de fuerza, quince gobernadores colorados se trasladaron hasta la residencia presidencial, Mburuvicha Róga, para cerrar filas en torno a él y al presidente Santiago Peña. El mensaje fue claro: exigen que el candidato de la dupla provenga de las bases del interior y rechazan el "dedazo" capitalino.
Las voces del asombro, la preocupación y la ironía
El impacto de la fractura oficialista y el veloz encuentro entre Cartes y Abdo Benítez no tardó en generar un aluvión de reacciones en todos los frentes. En los pasillos del Congreso, el ambiente oscilaba entre la consternación oficialista y el júbilo opositor.
Desde la propia carpa cartista, el presidente del Senado, Basilio “Bachi” Núñez, reconoció el quiebre con evidente preocupación. Para Núñez, si Horacio Cartes se desmotiva y retira su apoyo logístico o financiero a causa de estas divisiones internas, el Partido Colorado corre el serio riesgo de perder el poder y volver a la llanura en 2028.
En la vereda de enfrente, la oposición no ocultó su ironía ante el caos ajeno. La senadora Esperanza Martínez retrató la crisis afirmando que quienes antes se jactaban de su férrea disciplina hoy "están nerviosos" y se han convertido en una "bolsa de gatos" por culpa de la disputa prematura del poder. En una línea similar, la senadora liberal Celeste Amarilla fue más allá, celebrando que un sector del coloradismo "se haya hartado de su amo" y calificando esta ruptura como el "inicio del fin" de la era Cartes.
El trasfondo financiero detrás de la ruptura
Más allá de los egos heridos y el baile de candidaturas, hay quienes señalan que la grieta tiene un origen más profundo. Según la visión del senador colorado disidente Mario Varela (quien, utilizando el sarcasmo, dijo que hoy Cartes amaneció siendo disidente), el verdadero detonante de esta crisis institucional fue el escándalo en torno a ueno bank y el manejo de los fondos del Estado. Varela sostiene que las presiones cruzadas y los pedidos de informes impulsados en el Senado hacia el Banco Central del Paraguay (BCP) exacerbaron la desconfianza entre el anillo de confianza del presidente Peña y el núcleo duro de Cartes, empujando al límite la convivencia.
Un tablero en pleno reacomodo
Mientras Alliana y los gobernadores consolidan un frente que desafía la verticalidad histórica, y la disidencia (con figuras como Arnoldo Wiens, Lilian Samaniego y Luis Pettengill) intenta unificar una chapa para capitalizar el caos, la foto de la avenida España envía un mensaje contundente. Al sentarse a conversar con Abdo Benítez, Cartes demuestra que su pragmatismo no tiene límites y que está dispuesto a tender puentes con su mayor adversario histórico para neutralizar la rebelión interna y no ceder el control del partido.
La política paraguaya atraviesa horas decisivas. Detrás de las sonrisas captadas por la cámara, se libra una batalla sin cuartel por el poder real del país. Una contienda donde, como dejó claro esta frenética jornada, ya no existen las lealtades inquebrantables.




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